¿En qué consiste la evaluación psicológica del Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)?

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin

El Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es un trastorno neurológico crónico que tiene como principales síntomas los problemas para mantener la atención y dirigirla a un foco concreto, la hiperactividad motora manifiesta e un estilo comportamental y cognitivo de impulsividad.

¿Cómo saber si mi hijo tiene TDAH?

Hace un tiempo escribí el artículo Síntomas del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)(Pincha aquí para leer el artículo). En el post señalaba las características del trastorno, así como las señales de alerta a las que debemos estar atentos para detectar precozmente su presencia en nuestro hijo/a.

Pero, una vez surgida la sospecha, muchos padres se hacen la siguiente pregunta: ¿Y ahora qué? ¿Qué debemos hacer?

Evaluar. Frente a la sospecha es imprescindible realizar una completa evaluación psicológica que confirme o descarte su presencia. Esperar a ver la evolución natural del niño no es una estrategia eficaz cuando hay síntomas significativos de este tipo. Pasados los 6 – 7 años, el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad puede perjudicar seriamente el rendimiento académico, apareciendo también problemas comórbidos como: problemas en las relaciones sociales, baja autoestima, ansiedad, problemas de comportamiento, etc.

¿A quién acudir para evaluar el TDAH?

Las evaluación del TDAH debe ser realizada por un especialista en Psicología Infantil, que será la persona encargada de administrar una serie de pruebas al niño o niña que confirmen o descarten el diagnóstico, además de obtener información sobre el contexto familiar, social y escolar. Ya que, para realizar un diagnóstico, el problema debe estar presente en varios contextos. Si no es así, seguramente, el problema tenga otras causas que se deberían indagar.

Esta valoración debe ser exhaustiva y rigurosa; no basta la impresión clínica o la simple observación para poder determinar si un niño tiene un déficit de atención, hiperactividad o impulsividad. Debe haber un protocolo amplio y estructurado de pruebas, observación y entrevistas con el entorno que permita una buena fiabilidad en los resultados.

Conocer esta información es elemental para no caer en falsos diagnósticos o tratamientos innecesarios e inefectivos que no ataquen al problema que presenta el niño. Un falso positivo puede resultar tan perjudicial como caer en un falso negativo. Por todo ello, debemos asegurarnos de que la persona que se encarga de la evaluación es un profesional cualificado para ello.

¿En qué consiste la evaluación del TDAH?

Para una correcta evaluación se valoran tres áreas que son esenciales para el diagnóstico y para la detección de problemas asociados que puedan existir con el posible TDAH.

ÁREA EMOCIONAL Y COMPORTAMENTAL: se realizan entrevistas y se administran cuestionarios a los padres, el profesorado y el propio niño para obtener información que ponga en evidencia todas las dificultades que pueda estar atravesando a nivel emocional (problemas de ansiedad, depresión, problemas en la regulación de las emociones, etc.); a nivel comportamental (conductas desafiantes, control de la ira, etc.); a nivel adaptativo (dificultades de adaptación, habilidades sociales, etc.); y a nivel actitudinal (motivación escolar, disposición al estudio, etc.).

ÁREA INTELECTUAL: se administra una prueba de inteligencia con el objetivo de conocer cuál es la capacidad intelectual general del niño, es decir, el Cociente Intelectual; así como cuáles son sus puntos fuertes y puntos débiles en las distintas tareas cognitivas que se presentan. Esta valoración es primordial, ya que los niños que padecen TDAH, pese a que su capacidad intelectual suele estar dentro de la media para su edad, suelen mostrar un patrón cognitivo concreto.

FUNCIONES EJECUTIVAS: las funciones ejecutivas son habilidades mentales complejas, esenciales para planificar, organizar, revisar tareas, guiar el comportamiento, regularse y dirigirse a la consecución de una meta. Se habla de ellas en conjunto, pero ciertamente involucra muchos procesos mentales independientes, que están en la base del TDAH. Incluyen:

  • La atención: es el acto mental que permite dirigirse efectivamente a una tarea concreta, ignorando distractores.
  • La flexibilidad: es la capacidad para responder de forma variada y flexible a las demandas del ambiente según contextos y situaciones.
  • La memoria de trabajo: es la capacidad para almacenar en la memoria información y trabajar con ella, generando resultados.
  • La inhibición: es la capacidad para controlar el comportamiento. En su ausencia se observa impulsividad y baja reflexividad.
  • Monitorización: es la capacidad para evaluar la propia conducta y actuación antes de llegar a la meta.
  • Planificación: es la capacidad para programar una secuencia de pasos y seguir un plan concreto.
  • Regulación emocional: es la capacidad para regular las propias emociones.

Las funciones ejecutivas están seriamente afectadas en TDAH y son las que provocan los principales síntomas del trastorno y muchos de los problemas asociados.

La evaluación psicológica está encaminada a proporcionar las claves de la intervención y saber específicamente a dónde hay que atacar para mejorar la adaptación del niño y su rendimiento académico. Ya que, si bien, todos los TDAH comparten características comunes propias del trastorno, cada niño es distinto y el abordaje siempre debe hacerse de manera individual y personalizada.

Deja un comentario