He tenido un bebé y me siento triste, ¿qué me pasa?

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He tenido un bebé y me siento triste, ¿qué me pasa?: tristeza puerperal y depresión postparto.

La llegada del nuevo bebé supone una serie de cambios drásticos que la recién madre debe afrontar, tanto a nivel físico como a nivel emocional. En cuestión de horas, la mujer “embarazada” se convierte en “madre” con todo lo que esta etiqueta conlleva consigo. Por otro lado, a nivel físico se produce un desajuste hormonal que  afecta significativamente a las emociones, dejándolas a flor de piel. En ocasiones, tras el parto proliferan sentimientos negativos que van acompañados de irritabilidad, sensación de soledad y de vulnerabilidad, así como un fuerte decaimiento. Es posible que estas emociones se deban a la Tristeza Puerperal o Baby Blues. 

La Tristeza Puerperal o Baby Blues es un fenómeno muy habitual, que suele durar entre dos y cuatro días desde el nacimiento del bebé. Es una reacción natural del cuerpo y de la mente que surge como el resultado de un proceso de adaptación. Éstos se están ajustando a la llegada de ese nuevo bebé y a los cambios físicos sufridos tras el parto. Durante esos primeros días es posible que la madre se sienta triste, desolada y apenada, incluso desconectada emocionalmente del bebé, sobre todo si se ha vivido un parto largo o con complicaciones. Muchas madres se sienten culpables y frustradas tras dar a luz y no sentir que es “el momento más feliz de sus vidas” como imaginaron que sería. Sin embargo, es importante mantener la calma y no preocuparse demasiado por ello, sabiendo que son sentimientos habituales tras el parto e  irán disminuyendo con el paso del tiempo con apoyo social y familiar. 

Cuando tras el paso de los días y semanas, este estado permanece podríamos estar hablando de Depresión Postparto, un estado de tristeza profundo que perdura aún con el transcurso del tiempo. Los síntomas que acompañan este trastorno son:

  • Tristeza profunda
  • Irritabilidad sin motivo aparente
  • Sensación de incompetencia y de no poder salir adelante
  • Miedo de hacer daño al bebé 
  • Miedo a salir a la calle o quedarse a solas con el bebé
  • Ansiedad y ataques de pánico
  • Problemas para conciliar el sueño, aun cuando el bebé está durmiendo
  • Cansancio constante 
  • Apatía y anhedonia: falta de interés por las actividades y personas, así como incapacidad para disfrutar
  • Alteraciones en el apetito
  • Llanto recurrente
  • Falta de concentración
  • Comportamientos obsesivos
  • Desconexión emocional con el bebé
  • Falta de interés por las cuestiones relacionadas con el cuidado del bebé

Las causas que motivan su aparición de la Depresión Postparto es el notable aumento de  las responsabilidades que supone la crianza, un bajo círculo de apoyo social y familiar, bajos recursos económicos para hacer frente a la maternidad, una idea preconcebida sobre la maternidad que conlleva un sentimiento de culpa por no ser capaz de hacer frente a las demandas como se esperaba, así como la pérdida de un estilo de vida anterior.

Existen muchas acciones que pueden ayudar a superar la Depresión Postparto, así como a prevenirla. A continuación, detallamos algunas de ellas:

  • Buscar ayuda y apoyo. Hablar con otras madres que estén en la misma situación puede ayudar a sentirse mejor.  
  • Ser sincera con las emociones y sentimientos que se experimentan. No hay que sentirse culpable por tener esos sentimientos, es un proceso por el que pasan  muchas mujeres y no significa ser mala madre. 
  • Aprovechar cualquier momento para descansar. El descanso ayuda a sentirse más tranquilo y capaz para afrontar las responsabilidades y demandas del recién nacido. 
  • Cuidar la alimentación. Una adecuada nutrición es elemental para regular las emociones.
  • Pedir colaboración en las tareas domésticas y el cuidado del bebé. Es importante, aprender a delegar y aceptar las ofertas sinceras de ayuda. 
  • Aprovechar las ayudas en el cuidado del bebé para relajarse y disfrutar de tiempo de ocio en la medida de lo posible. 
  • Pedir a la pareja una atención especial. Las caricias ayudan a reducir los niveles de estrés y fomentan emociones positivas. 

Si tras todos los esfuerzos por mejorar, los síntomas persisten es hora de acudir a un especialista, quien ayudará a la madre a superar el trastorno y mejorar su bienestar emocional, así como a conseguir una mayor adaptación a la crianza. 

 

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